La disciplina y el control del aula

Las conductas pertubadoras o la falta de disciplina en las aulas no es un hecho aislado, sino que cada vez es más frecuente y constituye uno de los principales problemas con los que se encuentran los profesores en las aulas de todos los niveles y a todas las edades. Sin duda, en la enseñanza secundaria es un problema de fuerte preocupación, pues la obligación de permanecer en ella hasta los 16 años implica la permanencia en las aulas de un elevado número de alumnos que rechaza la escuela y provoca conflictos, actos de rebeldía e, incluso, de agresión.

La disciplina en el aula es necesaria para el aprendizaje y, según Ausubel, desempeña cuatro funciones importantes en la formación del individuo:

  • Es necesaria para la socialización, pues se aprenden las normas de conducta que son aprobadas y toleradas en una cultura.
  • Es necesaria para la maduración de la personalidad, para adquirir rasgos como la confianza en sí mismo, el autocontrol, la persistencia y la capacidad para tolerar la frustración.
  • Es necesaria para la internalización de normas y obligaciones morales.
  • Es necesaria para la seguridad emocional de los niños.

Por tanto, es necesario para el profesor contar con recursos suficientes para el control del aula, esto es, para la conducción de la clase de tal manera que reúna unas condiciones que permitan a los alumnos dedicarse y centrar su atención en las actividades escolares y que prevenga la aparición de comportamientos perturbadores o de falta de disciplina.

Existen tres programas, basados en los principios conductuales, que pueden ser usados para la disciplina en el aula (Woolfolk, 1999): las consecuencias grupales, las economías de fichas y los contratos de contingencias.

Las consecuencias grupales

Esta estrategia consiste en aplicar recompensas o castigos (reforzamiento de la conducta) al grupo entero cuando se respetan o violan las normas de conducta.

Las consecuencias grupales se recomiendan en situaciones en las que a los estudiantes les interesa la aprobación de sus compañeros. Si la mala conducta de algunos alumnos parece alentada por la atención y las risas de otros estudiantes, entonces las consecuencias grupales podrían resultar de ayuda. Sin embargo, si el grupo no tiene influencia real sobre una persona, no debería sufrir por la mala conducta o los errores de ese individuo.

Programas de economía de fichas

Es un sistema en el que los estudiantes obtienen fichas o puntos por el trabajo académico y la buena conducta en el aula pueden cambiarse por alguna recompensa deseada. Las recompensas se elegirán en función de la edad de los estudiantes (juguetes, tiempo libre, ciertos privilegios…) o, si se cuenta con la colaboración de los padres, pueden canjearse en su casa (nunca si se sospecha que pueden recibir severos castigos por llevar malos informes).

Con este método se consigue gratificar a todos los alumnos que lo merecen. Sin embargo, es complicado y consume mucho tiempo, por lo que se debe reservar para situaciones concretas:

  • Para motivar a alumnos totalmente desinteresados y que han respondido mal a otros métodos.
  • Para animar a estudiantes que de continuo no logran hacer progresos académicos.
  • Para manejar un grupo fuera de control.

Programas de contratos de contingencias

En este sistema el profesor suscribe con cada estudiante un acuerdo individual que establece con precisión lo que debe hacer para obtener un privilegio o recompensa en particular.

En algunos programas, los alumnos participan en la decisión de las conductas que serán reforzadas y de las recompensas que pueden obtenerse. El proceso de negociación en sí puede ser una experiencia educativa, en la medida en que los estudiantes aprenden a establecer metas razonables y a acatar los términos de un contrato.

El análisis conductual aplicado

El análisis conductual aplicado es el uso de los principios conductuales del aprendizaje para la comprensión y la modificación del comportamiento.

Métodos para promover conductas

Para reforzar una determinada conducta o incorporar una nueva disponemos de una serie de recursos: el elogio, la selección de reforzadores, el moldeamiento o la práctica positiva.

Utilizar el elogio

Los profesores pueden mejorar la conducta de los estudiantes alabando el buen comportamiento e ignorando los errores y la mala conducta. Aunque este modo de actuar puede ser útil, las conductas indeseables pueden persistir cuando sólo se utiliza el elogio como única estrategia de control del aula. Los resultados positivos del uso de reforzadores se producen cuando se realiza controladamente:

  • Los reforzadores deben ser contingentes a las conductas deseadas.
  • Debe referirse a los actos, no a la personalidad del alumno.
  • Se debe especificar claramente la conducta que se quiere reforzar.
  • Tiene que ser creíble.

En definitiva, el elogio no debe usarse indiscriminadamente (pues podríamos reforzar conductas indeseadas) y ha de ser un reconocimiento sincero a una conducta determinada.

Además, los programas de reforzamiento especifican la frecuencia con que el reforzador debe ser administrado: el reforzamiento es más eficaz cuando el reforzador se administra de manera continuada en la fase de adquisición, y de manera intermitente cuando la conducta ya ha sido adquirida.

El principio de Premack

Según el principio de Premack, una conducta muy frecuente (una actividad preferida por un alumno) puede ser un buen reforzador de una menos común (actividad menos preferida), lo que en ocasiones se conoce como “la regla de la abuela”: primero haz lo que yo quiero que hagas y luego puedes hacer lo que tú quieras.

Para utilizarlo de una manera provechosa es necesario que la conducta menos frecuente, es decir, la menos preferida, ocurra primero, de manera que al término de ésta el alumno pueda realizar esa segunda actividad preferida:

Si terminas de hacer… luego podrás….

Ahora bien, estos reforzadores no actúan por igual en todos los alumnos: un mismo estímulo puede ser algo atractivo para un alumno, pero provocar rechazo a otro, por lo que obliga al profesor a conocer cómo son sus alumnos y cuáles son los reforzadores que más les conviene con objeto de utilizarlos adecuadamente. Además, los reforzadores podrían perder su eficacia si se emplean en exceso.

Moldeamiento

El moldeamiento, o técnica de las aproximaciones sucesivas, se utiliza para adquirir gradualmente una determinada conducta deseada y resulta eficaz para conseguir respuestas que no existen en el sujeto.

El procedimiento consiste en aplicar el reforzamiento tras las respuestas que, aun no siendo las que se desean, se aproximan a ellas y, a la vez, en ir administrando el reforzador diferencialmente; esto es, se administra el reforzador sólo cuando van apareciendo versiones más refinadas de las conductas deseadas.

Un método para identificar estos pequeños pasos es el análisis de tareas desarrollado por R.B. Miller en el que se define el objetivo final y se establece una secuencia lógica de los pasos que conducen hacia esa meta (se realiza una subdivisión de las habilidades en diferentes categorías). Esto ofrece la posibilidad al profesor de asegurarse de que los estudiantes tengan las habilidades necesarias para continuar con el siguiente paso. Además permite señalar con claridad las áreas problemáticas si un alumno encuentra dificultades.

Muchas conductas pueden mejorar con el moldeamiento, en especial las que implican persistencia, paciencia, mayor precisión, mayor rapidez o mucha práctica para lograr el dominio. Sin embargo, dado que es un proceso que toma mucho tiempo, no hay que emplearlo si puede tener éxito con métodos más simples, como la señalización (conjunto de estímulos que orientan al individuo hacia una determinad conducta deseada).

Este es el procedimiento que, durante siglos, han venido utilizando los domadores de animales.

La práctica positiva

La práctica positiva es una estrategia para ayudar a reemplazar una conducta con otra, que consiste en practicar las respuestas correctas inmediatamente después de los errores (por lo que resulta apropiada para corregir los fallos de los estudiantes).

Es posible aplicar el mismo principio cuando los estudiantes rompen las reglas del aula; así, en lugar de castigarlos se les puede pedir que practiquen la acción correcta.

Métodos para combatir conductas indeseadas

Por el contrario, para afrontar conductas indeseables, podemos recurrir a las siguientes estrategias:

Reforzamiento negativo

El reforzamiento negativo permite fortalecen una conducta mediante la supresión de algo que resulta desagradable o aversivo. El profesor puede recurrir a él si sitúa a los alumnos en situaciones ligeramente desagradables que pueden evitar mejorando su conducta:

Podréis salir al recreo cuando tengáis recogidos vuestros pupitres y cada uno esté sentado y en silencio en su asiento.

De esta manera el profesor pretende fortalecer unas conductas y cesar la realización de otras, al tiempo que da a los alumnos la oportunidad de ejercer el control.

Para servirse del reforzamiento negativo es recomendable seguir una serie de pautas, tales como describir el cambio deseado en positivo, evitar las amenazas, mantener las situaciones desagradables en el tiempo frente a las protestas y centrar la atención en las acciones, no en las promesas.

La saciedad

Otra forma de disminuir una conducta problemática es insistir en la realización de dicha conducta hasta el punto de perder el interés o la motivación. Si la conducta del estudiante no interfiere con el desarrollo de la clase, el maestro puede permitir que continúe realizándola hasta que se detenga por sí mismo, lo que se logra ignorando la conducta.

Este procedimiento debe aplicarse con cuidado, ya que obligar a los alumnos a seguir realizando algunas conductas puede ser nocivo física o emocionalmente e incluso peligroso.

Reprimendas

Si los regaños no se emplean con demasiada frecuencia y el ambiente del aula suele ser positivo y cálido, los alumnos suelen responder con rapidez, pero pueden ejercer un efecto contrario al deseado en alumnos que busquen ese reconocimiento por su mala conducta.

Costo de respuesta

Es el castigo con pérdida de reforzadores. Para entendernos, es la “multa a pagar” por la mala conducta del alumno. Puede comenzar como advertencia y aumentar a medida que el alumno reitera su comportamiento. El castigo debe ser siempre un último recurso, aplicarse de manera justa, proporcionada y dejando claro cuál es la conducta inadecuada y la acción deseable que se pretende reforzar.

 

El condicionamiento operante de Skinner

Aunque el condicionamiento instrumental u operante está forzosamente vinculado a la figura de B. F. Skinner, sus principios fueron establecidos por Thorndike a comienzos del siglo XX.

La ley del efecto de Thorndike

Thorndike realizó experimentos con gatos a los que metía en el interior de una caja que sólo se abría al accionar un resorte. Fuera de la caja ponía comida y los gatos intentaban escapar para alcanzarla. Al principio su movimiento era aleatorio hasta que, por casualidad, lograban salir. En los sucesivos intentos los gatos repetían acciones similares pero cada vez encontraban más rápidamente la manera de conseguir su recompensa. Estas observaciones le condujeron a enunciar la ley del efecto:

La conexión entre estímulo y respuesta se fortalece si va seguida de una consecuencia placentera y se debilita si va seguida de una consecuencia desagradable.

Por tanto, los actos que tienen consecuencias satisfactorias tenderán a repetirse, lo que constituye el principio fundamental del aprendizaje que sostiene la teoría del condicionamiento operante que desarrolló Skinner.

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El condicionamiento operante de Skinner

Para Skinner la conducta puede explicarse mediante las conexiones entre estímulos y respuestas, sin necesidad de considerar los procesos mentales. Entiende que existe una conducta respondiente, provocada por estímulos conocidos, que puede comprenderse mediante el condicionamiento clásico, pero que la mayor parte de la conducta humana es operante, es decir, que es emitida espontáneamente por el organismo sin necesidad de recurrir a estímulos conocidos.

Skinner adoptó la ley del efecto de Thorndike y denominó refuerzo o reforzador a todo estímulo que sigue a una respuesta y que incrementa la probabilidad de que ésta se repita. Los estímulos que actúan como reforzadores pueden ser de dos tipos:

  • Reforzadores positivos: cuando la consecuencia que fortalece la conducta es la aparición de un estímulo (normalmente placentero).
  • Reforzadores negativos: cuando lo que fortalece la conducta es la supresión de un estímulo (normalmente aversivo o desagradable).

Así, el reforzamiento es el uso de determinados reforzadores para favorecer o fortalecer una conducta y, como éstos, puede ser positivo o negativo. Ambos tienen el mismo efecto: aumentar la probabilidad de la respuesta. Por ejemplo, se tiene un reforzamiento positivo cuando una mujer recibe piropos al estrenar un vestido o un alumno chistoso recibe halagos por sus gracias (véase que las conductas reforzadas no tienen por que ser “positivas” en el sentido de beneficiosas). Por el contrario, un reforzamiento negativo puede ser el molesto pitido del cinturón de seguridad del coche que no se desactiva hasta que nos lo abrochamos (la desaparición del sonido refuerza nuestra conducta).

Es importante no confundir el reforzamiento negativo con el castigo, ya que el reforzamiento, sea positivo o negativo, siempre implica el fortalecimiento de la conducta, mientras que el castigo supone la disminución o supresión de un determinado comportamiento. La misma distinción que se hace para los reforzadores se puede aplicar a los castigos:

  • Castigos positivos (o por presentación): cuando la consecuencia que debilita la conducta es la aparición de un estímulo (en este caso, aversivo). No me puedo resistir a poner como ejemplo la mítica escena de cierre de los Simpsons en la que Bart está copiando repetidamente la misma frase después de clase.
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¡Castigado después de clase!, un ejemplo de castigo “positivo”

  • Castigos negativos (o por remoción): cuando lo que fortalece la conducta es la supresión de un estímulo (en este caso, placentero). Muchas madres nos darías buenos ejemplos de ellos: ¡castigado sin tele!, ¡castigado sin propina! o ¡castigado sin móvil!

En resumen:

Reforzamiento-castigo

Programas de reforzamiento

El uso de reforzadores permite fortalecer o fomentar una conducta, es decir, aumentar la probabilidad de que se produzca una determinada respuesta. La efectividad de este condicionamiento depende, sobre todo, del modo de efectuar ese reforzamiento.

La manera más sencilla es el reforzamiento continuo, que consiste en aplicar el reforzador cada vez que se produce la respuesta deseada; con él se consigue un rápido aprendizaje. Ahora bien, una vez que la respuesta operante ha sido condicionada éstas se mantienen mejor cuando el reforzador no se aplica de forma continua sino de forma intermitente. Según Skinner, hay dos programas básicos de reforzamiento intermitente: los programas de intervalo y los programas de razón.

Los programas de intervalo tienen como base el tiempo, es decir, el reforzador se aplica después de un determinado periodo de tiempo, que puede ser fijo o variable:

  • Los programas de intervalo fijo consisten en administrar el reforzador tras un periodo o intervalo constante de tiempo, independientemente de las respuestas que emita el sujeto. Con ellos, la frecuencia de respuestas aumenta según se aproxima el momento del reforzamiento y luego disminuye. Tienen poca persistencia y la frecuencia de respuestas decae rápidamente si cesa el reforzamiento.
  • En los programas de intervalo variable el periodo de tiempo entre un reforzador y otro varía aleatoriamente. Consigue una frecuencia de respuestas lenta y estable y una mayor persistencia que el anterior.

Los programas de razón se basan en la respuesta del sujeto, esto es, el reforzador se aplica después de que el sujeto emite un determinado número de respuestas, que también puede ser fijo o variable:

  • En los programas de razón fija el reforzador se administra tras la realización de un número establecido de respuestas. Consigue una frecuencia de respuestas rápida pero poco persistente cuando cesa el reforzador. Producen, según Skinner, una frecuencia muy alta de respuestas siempre que la razón no sea demasiado alta.
  • En los programas de razón variable el número de respuestas entre un reforzador y otro varía aleatoriamente, de manera que el sujeto nunca sabe si su respuesta será reforzada. Ofrece una frecuencia de respuestas muy alta y mayor persistencia que el anterior.

Tanto el reforzamiento continuo como los dos programas fijos de reforzamiento intermitente son bastante predecibles, por lo que su persistencia es menor: los programas variables son los más apropiados para el mantenimiento de las respuestas.

Además, la velocidad de respuestas depende del control que se tenga sobre el reforzamiento. En los programas de razón el individuo ofrece más rápidamente las respuestas con el fin de conseguir el reforzamiento.

Al igual que ocurre en el condicionamiento clásico, la supresión del reforzamiento conduce a la extinción, aunque el proceso puede tardar cierto tiempo.

Skinner y la enseñanza

En 1954 Skinner escribió un artículo, titulado La ciencia del aprendizaje y el arte de la enseñanza, en el que hace un diagnóstico de los males de las escuelas y, al mismo tiempo, aporta un conjunto de sugerencias para la enseñanza.

El principal problema que advirtió Skinner fue que el número de alumnos en un aula era excesivo, por lo que éstos tenían pocas posibilidades de responder a las preguntas del profesor y, cuando tenían esta oportunidad, el reforzamiento o castigo recibido se hacía tras un intervalo de tiempo excesivamente largo, con lo que perdía toda su eficacia.

Las críticas de Skinner a la enseñanza tradicional se centraban en torno a cuatro puntos:

  • En el aula la conducta está controlada generalmente por el estímulo aversivo (los profesores tendían a hacer más uso del castigo que de la recompensa).
  • Cuando se utilizaban recompensas, el tiempo que transcurre entre la respuesta y el reforzamiento es excesivamente largo, por lo que pierden su eficacia.
  • Ausencia de reforzamientos en serie (los programas educativos no estaban organizados de una manera sistemática que permitiera avanzar a los estudiantes paso a paso, a través de una serie de aproximaciones sucesivas, con reforzamientos correspondientes, hasta llegar a la conducta final deseada).
  • Poca frecuencia de reforzamiento (la cantidad total de recompensas administradas a los estudiantes era extremadamente baja, por lo que no se aplicaba el reforzamiento intermitente necesario para consolidar una respuesta).

¿Crees que estas observaciones tienen vigencia en la actualidad?